El final de la rutina de la Asskha Sumathra anoche en Viña se administró mal. La censura es otro rollo. Es que se hizo mal, simplemente.
El Álvaro Salas, instantes después del abrupto final, dijo en un contacto con un canal de streaming que la Asskha se perdió de verdad (no fue talla libreteada), y de ahí se salió de libreto, se le perdió el tiempo y no volvió.
Pudieron coordinar mejor la salida por el sono para ayudarla y que ella se despidiera, pero no, se hizo mal, le tiraron la cortina de sopetón, el Rafa y la Karen le dieron rápido las gaviotas, se fueron a pausa, sin bis, y no explicaron nada.
No puedes terminar así, menos en este caso en que cualquier cosa rara iba a despertar suspicacias y se iba a entender mal. Porque, por alguna razón, parte del estandarte de las minorías, de cualquier tipo, y después amplificado por la masa, es pegar el grito en el cielo cuando tienen una leve sensación de que les están poniendo el pie encima. Y anoche tuvieron motivos de sobra. Mal Bizarro y mal Mega.
Ya, con permiso. Voy a comprar el pan.
